Laura Ballestrino: Joven Promesa Yamaha
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¿Cómo empezó tu andadura en la música y el piano?
Tuve la suerte de que mis padres, sin ser músicos, siempre valoraron el aprendizaje musical como una experiencia fundamental en la infancia. Desde muy pequeños quisieron que la música formara parte de mi vida y la de mi hermano, y lo primero que recuerdo es un piano de juguete con el que trasteaba ya a los dos años. A los cuatro comencé a estudiar solfeo en una academia de mi ciudad que seguía el método de la escuela rusa, y a los cinco tuve mi primera clase de piano. Prácticamente no recuerdo mi vida sin música... Después, a medida que fui creciendo, me di cuenta de que el piano era mi pasión y aquello a lo que quería dedicarme. Nunca tuve que tomar la decisión, sino que lo supe desde siempre. Después de tantos años, no podría estar más feliz de haber elegido el camino de la música.
¿Tienes algún referente?
Como compositora y amante del jazz, hay varios pianistas que suponen una gran inspiración para mí: Friedrich Gulda, Fazıl Say, Gabriela Montero, Hayato Sumino... son algunos ejemplos de este perfil de pianista clásico que se sale del estándar, y que han integrado sus inquietudes artísticas en su carrera como intérpretes. De la misma forma, también siento gran admiración por los pianistas de jazz que se han adentrado en el mundo clásico, como son Keith Jarrett, Brad Mehldau, Chick Corea o Claude Bolling. Muchas veces, los músicos (especialmente los intérpretes clásicos) nos encasillamos con barreras y etiquetas imaginarias. Yo siempre he sido muy inquieta con la música, ¡he aprendido a tocar hasta la batería! Desde mi experiencia, cuanto más exploro la música y sus diferentes dimensiones, más la comprendo y la disfruto. Por eso admiro tanto a todos los artistas que dan un paso para ir más allá, y se convierten en una inspiración directa para mí.
Por otra parte, algo muy hermoso de nuestra profesión es que, como intérpretes, tenemos el privilegio de sentarnos cada día a descifrar algunas de las mayores genialidades musicales jamás escritas, con el fin de “hacerlas nuestras”. Pasamos horas y horas con Beethoven, Schumann, Chopin, Bach, Mozart... Al final, conectar a ese nivel con su música deja una huella profunda en mí, una huella que inevitablemente me transforma como artista. Por eso, todos los compositores que interpreto los veo como referentes, y me esfuerzo cada día para que mi sensibilidad pianística pueda estar a la altura de su música.
¿Cuál es tu rutina de estudio?
Pues es algo que puede variar mucho, porque depende de los compromisos que tenga o el volumen de repertorio nuevo que esté preparando. Muchas veces soy metódica con un horario, pero en otras ocasiones la mejor fórmula es ser flexible y adaptarte a las circunstancias, sin volverse demasiado loco… Otra cosa que me ayuda mucho en el día a día es llevar un diario de estudio, donde apunto cada sesión y las obras que he trabajado. Es un acto muy sencillo y parece que no es demasiado importante, pero dejarlo por escrito ayuda mucho con la constancia y a seguir motivado, que al final es lo más importante.
Algo que tampoco descuido nunca es mi rutina de estiramientos después de practicar, especialmente si ha sido un estudio intenso. A veces no somos conscientes de que nuestro trabajo también es físico, y subestimamos los problemas que pueden surgir si no escuchamos a nuestro cuerpo. Debemos ser tan cuidadosos con nuestro cuerpo y nuestra salud como son los deportistas… ¡Incluso con la dieta y el sueño!
¿Qué es lo que más valoras en un piano?
Un piano me enamora cuando despierta mi imaginación. Con los pianos de alta gama, sientes que el instrumento te permite hacer todo lo que desees, es decir, tus ideas musicales no se ven limitadas por el piano y puedes expresarte con total plenitud. Aquí cobra todo el significado la palabra instrumento: un medio que facilita un fin, y en la música, el fin del instrumento es tender un puente entre la idea y el sonido. Cuanto mejor es el instrumento y más recursos ofrece, más fielmente podemos recrear la idea. En ese punto, la única limitación es tu imaginación.
¿Cómo ves tu futuro en la música?
Mi futuro lo veo muy abierto de posibilidades, con muchas experiencias por vivir, repertorio por descubrir, músicos con los que colaborar, y escenarios a los que subir. Un plan que tengo para los próximos años es hacer un posgrado o diploma de artista en el extranjero, en países como Inglaterra, Alemania o Austria. En la música nunca se deja de aprender, somos eternos estudiantes... Como dijo Rachmaninov, “la música es suficiente para una vida, pero una vida no es suficiente para la música”.
¿Próximos proyectos?
El compromiso más destacado que tengo próximamente es una pequeña gira de conciertos en diciembre en Washington D. C., donde ofreceré tres recitales de piano. Además, en uno de ellos estrenaré una obra de composición propia que va a ser coreografiada por la compañía de baile contemporáneo Company E. Aquí en España tendré más conciertos en ciudades como Sevilla, Madrid, Albacete... En marzo haré mi debut con la Orquesta Sinfónica de Radio Televisión Española interpretando el Triple Concierto de Ludwig van Beethoven. Además, la agenda de conciertos la compagino con concursos internacionales, tanto en España como en el extranjero. Por otra parte, tengo previso grabar un disco de piano solo con la discográfica Adora New Music. Estoy realmente emocionada por esta nueva temporada, creo que me esperan experiencias muy enriquecedoras.
