Modelos únicos: instrumentos distintos nacidos de ideas originales

A lo largo de los 45 años transcurridos desde la aparición de los PortaSound PS-1/2/3, en 1980, Yamaha lanzó cerca de 500 modelos de teclados portátiles y vendió más de 60 millones de unidades en todo el mundo. La marca supo integrar con gran maestría las tecnologías y tendencias más recientes, combinándolas con ideas innovadoras para crear numerosos productos, entre los que destacan modelos que tuvieron un impacto significativo en el panorama musical mundial.

HandySound HS-500: aprender a escuchar y a crear sonido de forma natural

  • Feature Image

Después de que la línea PortaSound conquistara popularidad entre el público joven, Yamaha pasó a prestar especial atención a los niños. El sentido del oído se desarrolla con mayor intensidad entre los tres y los 12 años y, por este motivo, en 1982 Yamaha lanzó el HandySound HS-500, un teclado diseñado para hacer agradable la adquisición de un sentido natural del sonido durante esta fase crucial del desarrollo.

Mientras que muchos teclados existentes para niños pequeños priorizaban sobre todo el aspecto lúdico, el HS-500 destacaba por incorporar un fuerte componente educativo, sin renunciar al entretenimiento. Otro punto fundamental residía en su amplia capacidad expresiva como instrumento musical.

En la franja de edad a la que iba dirigido el HS-500 —de los tres a los 12 años— el aprendizaje de oído desempeña un papel esencial. Teniendo esto en cuenta, Yamaha dotó al modelo de diversas funciones inteligentes, pensadas para apoyar el desarrollo natural del sentido del sonido. El HS-500 incluía sonidos de piano, órgano, clarinete, entre otros, al mismo tiempo familiares y bien definidos. Por ejemplo, tras identificar las notas si y sol en el teclado, era posible recrear el sonido de una sirena de policía o de ambulancia mediante el sonido de órgano. El instrumento también incorporaba juegos que animaban a cantar y a tocar notas de acuerdo con cadencias rítmicas típicas de los juegos infantiles, como las asociadas a las canciones de corro o al escondite. El enfoque iba más allá de la simple pulsación de las teclas: otro juego, orientado al desarrollo auditivo, comenzaba pidiendo la identificación de determinadas teclas en el teclado y evolucionaba hacia la interpretación de notas y frases, que después debían reconocerse de oído.

En 1954, Yamaha lanzó una “clase experimental” que daría origen a la Yamaha Music School y creó el Sistema de Educación Musical Yamaha, base del método utilizado en la actualidad. Las Yamaha Music Schools están hoy activas en más de 40 países y regiones, utilizando un currículo común en todo el mundo. De forma especialmente interesante, este método no comienza por la exigente tarea de leer partituras, como sucede en el método Beyer. En su lugar, el método Yamaha permite que los niños desarrollen de forma natural el sentido del sonido, a través de la vivencia y el disfrute de la música en diferentes formas. Otro elemento fundamental del programa es la adecuación del contenido a las fases del desarrollo: por ejemplo, la escucha adquiere especial importancia entre los cuatro y los cinco años, periodo en el que el oído se encuentra en pleno desarrollo. Los nombres de las notas se asimilan de forma similar al aprendizaje de las palabras.

El HS-500 parecía materializar a la perfección el método Yamaha. También funcionaba como una herramienta de comunicación y conexión entre padres e hijos y, con 25 teclas y un peso de tan solo 550 g, incluidas las pilas, presentaba unas dimensiones ideales para los niños pequeños. Los padres valoraban especialmente este teclado compacto, ya que permitía a los niños tocar y aprender música en cualquier momento y en cualquier lugar.

  • HS-500

HS-500

PortaSound PC-100: el teclado “MYBAND” con el revolucionario sistema Playcard de Yamaha

En octubre de 1981, Yamaha amplió su mercado al lanzar, en rápida sucesión, los modelos PortaTone de gama superior (PS10/20/30). Estos lanzamientos llevaron a los profesionales del sector a reconocer la profundidad del know-how técnico de Yamaha en el ámbito de los teclados portátiles y despertaron grandes expectativas entre los usuarios —sobre todo entre los más jóvenes, para quienes la música ya formaba parte de la moda y del estilo de vida— respecto a lo que la marca presentaría a continuación.

Al año siguiente, Yamaha presentó el PortaSound PC-100, un modelo que los usuarios acabarían apodando “MYBAND”.

  • An advertisement from the time

Un anuncio de la época

La característica verdaderamente revolucionaria del instrumento residía en su capacidad para ofrecer acompañamiento exactamente al ritmo al que se tocaba la melodía; en 1982, ningún otro teclado del mundo ofrecía esa posibilidad. El modelo presentaba un diseño innovador centrado en el usuario, en el que el instrumento se adaptaba a la velocidad de interpretación de la melodía, en lugar de exigir que quien tocaba se ajustara al tempo impuesto por el teclado.

La clave de esta función residía en el sistema Playcard propietario de Yamaha, desarrollado a partir de la tecnología digital de la marca. El sistema Playcard permitía disfrutar de inmediato de todos los elementos de una canción mediante la simple inserción de una Playcard, con cinta magnética, en el lector del instrumento, cargando la melodía, el acompañamiento y otros datos musicales. Además de la sorprendente capacidad de que el acompañamiento siguiera la velocidad a la que se tocaba la melodía, las canciones también podían reproducirse sin la línea melódica, lo que permitía tocar la melodía en solitario o con acompañamiento del resto de instrumentos del conjunto. Adicionalmente, unas luces indicaban las teclas correspondientes a la melodía, y las demostraciones con acompañamiento completo podían utilizarse como sistema de karaoke o música de fondo. En términos sencillos, el PortaSound PC-100 reunía todo lo necesario para escuchar, tocar y cantar.

El instrumento también incluía diversas funciones destacadas, entre ellas efectos de sustain y vibrato, 10 sonidos principales (a los que se sumaban ocho sonidos obbligato), tres Fun Blocks —10 ritmos automáticos, Auto Bass Chord y arpegio— así como funciones de transposición y control de afinación, pensadas para karaoke y actuaciones en conjunto.

Curiosamente, las Playcards se inspiraron en las tarjetas bancarias. Sin embargo, como debían almacenar una cantidad de datos unas 500 veces superior, exigieron cuatro años de desarrollo, dando lugar a un concepto completamente nuevo y no a una simple adaptación de una idea existente.

Gracias a su versatilidad, muchos usuarios comenzaron a llamar “MYBAND” a sus teclados PortaSound PC-100. El modelo resultó ser un enorme éxito entre personas que nunca habían pensado en tocar un instrumento musical, en particular adultos de mediana edad, que no habían dispuesto del mismo tiempo ni de las mismas oportunidades para aprender música en etapas más tempranas de la vida.

Una campaña publicitaria del PortaSound PC-100 contó con la participación de Giant Baba, un coloso de 209 cm que lideraba en aquella época el auge del wrestling profesional japonés. En el anuncio, tocaba una melodía con un solo dedo, mientras el acompañamiento le seguía fielmente. “¡Hasta yo puedo tocar!”, afirmaba con una enorme sonrisa. La imagen de un campeón del mundo, que había perfeccionado sus habilidades en tierras lejanas, divirtiéndose con un instrumento musical resultaba especialmente impactante, acompañada por el eslogan: “¡Voy a renunciar al título de peor músico!”.

  • PC-100

PC-100

PortaSound MP-1: el primer teclado portátil del mundo con impresora musical integrada MP-1

  • MP-1

Entre 1969 y 1986, Yamaha organizó el Yamaha Popular Song Contest (“Popcon”), un festival dedicado a músicos amateurs, creado para la presentación de composiciones originales. La impresionante cantidad de temas presentados cada año revelaba que cada vez más jóvenes apasionados por la música exploraban el placer de crear, además de escuchar y tocar música.

Para responder a estas necesidades, Yamaha lanzó en 1982 el PortaSound MP-1, el primer teclado del mundo con una impresora musical integrada, capaz de convertir instantáneamente las notas interpretadas en partitura. La impresora —la impresora musical de alta precisión más pequeña de la época, desarrollada por Yamaha— producía partituras completas, con indicación de acordes, en cuanto se tocaban la melodía y los acordes. El sistema corregía además errores típicos de principiantes para facilitar la lectura del pentagrama y reproducía con precisión melodías complejas interpretadas por músicos de nivel intermedio o avanzado, hasta subdivisiones en semicorcheas. La función de memoria integrada también permitía introducir melodías y acordes de forma independiente, lo que hacía posible crear partituras completas.

La memoria del instrumento permitía almacenar melodías y acordes para su reproducción y añadir contramelodías de una sola nota a las líneas melódicas reproducidas, lo que aportaba una mayor profundidad musical.

Con 10 sonidos, 10 ritmos y un completo conjunto de funciones expresivas, entre ellas Auto Bass Chord, arpegio automático, transpositor y control de afinación, el PortaSound MP-1 amplió aún más el placer de hacer música al introducir la vertiente de la composición en la experiencia con el teclado.

Actualmente, un PortaSound MP-1 se encuentra en exposición permanente en la sección History Walk del museo Innovation Road, en la sede de Yamaha, en Hamamatsu.

  • MP-1

MP-1

MK-100: creación de sonidos al estilo de un sintetizador

En 1983, Yamaha lanzó el sintetizador DX7, un auténtico éxito de ventas utilizado por artistas de todo el mundo. Ese mismo año, la marca presentó también el MK-100, un modelo que redefinió el concepto de teclado portátil.

El MK-100 era un teclado portátil de 49 teclas, equipado con una función que permitía crear sonidos mediante la combinación de formas de onda y envolventes, al igual que un sintetizador. Este enfoque ofrecía libertad para crear sonidos propios, además de ritmos y patrones de bajo.

Además de funciones básicas como Auto Bass Chord, el instrumento incluía diversos recursos avanzados, entre ellos Music Programmer, que permitía memorizar acordes y melodías de forma independiente y reproducirlos simultáneamente. El modelo también disponía de una conexión por casete, que hacía posible la conexión a una grabadora o a otro dispositivo externo a través del puerto de accesorios, permitiendo guardar datos de sonidos y ejecuciones en casetes de audio y volver a cargarlos posteriormente en la unidad principal.

De forma especialmente relevante, el MK-100 fue el primer teclado portátil en incorporar el mismo generador de sonido FM que el DX7. El método de síntesis FM se basa en una tecnología patentada, licenciada por Yamaha a la Universidad de Stanford en 1975. La marca perfeccionó los algoritmos de cálculo y desarrolló una tecnología capaz de reproducir una amplia variedad de instrumentos musicales, aplicando con éxito la integración a gran escala (LSI) para producir y comercializar generadores de sonido FM más eficientes, capaces de simular sonidos con armónicos complejos utilizando una cantidad reducida de datos.

El compacto MK-100, enriquecido con tecnología Yamaha, fue ampliamente valorado por profesionales vinculados a la producción musical, gracias al abanico de posibilidades que ofrecía y al entusiasmo generado por sus capacidades innovadoras.

  • MK-100

MK-100

TYU-20/30: la introducción de los niños al maravilloso mundo de la música

Los teclados portátiles TYU20/30 aparecieron en 1984 y causaron un impacto inmediato, con una paleta de colores vivos y atractivos y un diseño divertido que resultó irresistible para el público infantil. Estos modelos de 25 teclas, con dos octavas, fueron concebidos específicamente para despertar el interés de los niños.

El TYU-20 presentaba un cuerpo rojo intenso, decorado con una gran clave de sol acompañada de una corchea estilizada, e incluía 20 canciones preprogramadas con tempos seleccionables. Además del sonido de piano, el instrumento contaba con un sonido de voz humana que anunciaba el nombre de las notas, una característica distintiva que despertaba la curiosidad y fomentaba el aprendizaje.

Por su parte, el TYU-30, en azul intenso, ofrecía un conjunto de funciones más completo. Incluía dos cartuchos de música con 10 temas cada uno y un micrófono, así como diferentes modos que permitían escuchar las canciones, tocarlas o cantar con acompañamiento a través del micrófono. El instrumento incorporaba además una función de ritmos, con selecciones como vals, swing, rock y latino, así como una función que proporcionaba automáticamente acompañamiento orquestal y rítmico cuando se seleccionaba una canción. Luces LED en el teclado indicaban la secuencia correcta de teclas, lo que facilitaba el progreso musical. El modelo también disponía de un puerto AUX OUT para conexión a altavoces externos.

A pesar de su reducido tamaño, con solo 25 teclas, estos teclados portátiles desempeñaron un papel fundamental en la introducción de los niños al mundo de la música, especialmente en Europa y en Estados Unidos.

  • TYU-20

    TYU-20
  • TYU-30

    TYU-30

VSS-100: el primer teclado portátil con sampler de voz integrado

Aunque, a mediados de la década de 1980, cada vez más sintetizadores pasaban a incorporar samplers, los teclados portátiles aún no disponían de ese tipo de función. Esta realidad cambió en 1985, con el lanzamiento del VSS-100 por parte de Yamaha.

En este contexto, el sampling se refería a la grabación de voces y otros sonidos, posteriormente almacenados en el teclado como fuentes sonoras. Podían utilizarse los más variados tipos de sonido, incluidas voces humanas y de animales, sonidos de automóviles, de televisión y muchos otros.

El VSS-100 permitía grabar hasta ocho segundos de audio a través del micrófono integrado o de una entrada de línea externa, siendo posible alterar la altura del sonido durante la reproducción. Los sonidos grabados podían combinarse con los sonidos orquestales predefinidos o utilizarse como base de bajo en la función Auto Bass Chord, permitiendo crear acompañamientos con líneas de bajo originales.

Aún más sorprendente era el precio: solo 45 000 yenes, en una época en la que los samplers costaban habitualmente más de 1 000 000 de yenes y en la que los sintetizadores con funciones de sampler, aunque más habituales, seguían siendo bastante caros. El esfuerzo de los ingenieros de Yamaha dio como resultado una relación calidad-precio impresionante, que conquistó de inmediato a los usuarios.

La introducción del VSS-100, con su sampler de voz integrado, cambió por completo las expectativas en torno a los teclados portátiles y abrió un nuevo universo de creatividad y diversión musical.

  • VSS-100

VSS-100

SHS-10: el carismático keytar que llegó a conocerse como “Sholky”

  • SHS-10

Los teclados portátiles de Yamaha nacieron con el objetivo de crear un instrumento compacto que pudiera transportarse y tocarse en cualquier momento y en cualquier lugar, al igual que una guitarra. En 1987, año en el que Yamaha celebró su 100.º aniversario, la marca lanzó el SHS-10, un teclado de hombro equipado con correa, concebido para sujetarse y tocarse como una guitarra.

Aunque generalmente se le conoce como “keytar” —una combinación de “keyboard” y “guitar”—, en Japón el instrumento se denominaba “teclado de hombro” y acabó recibiendo el cariñoso apodo de “Sholky”. Independientemente del nombre, el keytar ganó notoriedad en la década de 1980, gracias a artistas de renombre en Europa y Estados Unidos que lo utilizaron sobre el escenario.

El SHS-10 presentaba un cuerpo estilizado, diseñado para una interpretación cómoda, y estaba disponible en dos colores —rojo y plateado metalizado—, ambos visualmente impactantes en actuación. Con 32 teclas y un peso de apenas 1,1 kg, era ligero y compacto, sin renunciar a capacidades avanzadas: incluía 25 sonidos FM, entre ellos sintetizador, piano, steel drum y armónica; 25 patrones rítmicos dinámicos, como rock, jazz, reggae y country; altavoz integrado; y una salida MIDI. En todos los sentidos, el SHS-10 fue concebido para la creación musical seria.

La posibilidad de precargar acompañamientos mediante el secuenciador de acordes conquistó a muchos usuarios, ya que dejaba únicamente la melodía por tocar, lo que facilitaba la experiencia a quienes estaban empezando. Los músicos más experimentados también encontraban amplias posibilidades de exploración, ya que el modo de acompañamiento, el pitch bend y otros efectos permitían sacar partido a toda su técnica.

Hasta entonces, los teclistas no podían moverse libremente sobre el escenario ni realizar actuaciones tan expresivas como los cantantes o los guitarristas. El SHS-10 vino a resolver esa limitación y también podía utilizarse en actuaciones de grupo o en sesiones de estudio en solitario, en casa. En resumen, las formas de disfrutar del instrumento eran prácticamente ilimitadas. Teniendo en cuenta la amplia gama de funciones, el asequible precio de 23 800 yenes constituyó otra agradable sorpresa.

Las campañas publicitarias del SHS-10 contaron con la participación de Yuki Matsushita, una actriz muy conocida de populares series de televisión. La imagen de verla bailar por las calles mientras tocaba el Sholky transmitía con fuerza un nuevo estilo de interpretación y una relación diferente con el instrumento musical, conquistando al público. El cariño por el instrumento y por su apodo se extendió rápidamente y sigue vivo hasta hoy, reflejado en la popular serie de keytars Sonogenic.

  • SHS-10

SHS-10

PSS-102/104: tarjetas musicales configuradas para diferentes funciones

Los modelos PSS-102 y PSS-104, lanzados en 1991, representaron una nueva evolución en la línea de teclados portátiles de Yamaha destinados a niños. El principal avance de estos modelos fue la introducción de las tarjetas musicales. Al insertar una tarjeta en el panel de la unidad principal, el teclado leía el código de barras del reverso y permitía alternar entre diferentes funciones.

El conjunto de tarjetas —30 en el caso del PSS-102 y 60 en el del PSS-104— incluía tarjetas de sonidos, estilos rítmicos, canciones, concurso de karaoke, percusión y juegos. El PSS-104 incluía además una tarjeta de sintetizador, que ofrecía seis parámetros para la creación de sonidos, tarjetas de aprendizaje de acordes, entre otras.

Cada tarjeta proporcionaba una experiencia musical distinta. Por ejemplo, era posible seleccionar y tocar sonidos favoritos mediante la inserción de una de las ocho tarjetas de sonidos con 32 sonidos en el PSS-102, o de una de las nueve tarjetas de sonidos con 74 sonidos en el PSS-104. La variedad de sonidos era muy amplia, yendo más allá del piano, el órgano y otros instrumentos de teclado, al incluir instrumentos de cuerda, instrumentos de viento e incluso un sonido de helicóptero. La inserción de una tarjeta de concurso de karaoke activaba una introducción, tras la cual comenzaba el acompañamiento. La interpretación o el canto de las notas correctas, en el momento adecuado, era recompensado con una fanfarria de “puntuación perfecta”. El teclado también contaba con un micrófono extraíble.

Las tarjetas de juegos incluían desafíos de identificación de notas y otras actividades lúdicas, mientras que el PSS-104 ofrecía también tarjetas de quiz, que invitaban a identificar sonidos de música clásica e instrumentos de distintas partes del mundo. El modelo fue ampliamente elogiado como un teclado multifunción que introducía a los niños en el mundo de la música, fomentando la experimentación sonora y haciendo que el aprendizaje resultara atractivo y divertido.

  • PSS-102

    PSS-102
  • PSS-104

    PSS-104

PSR-D1 DJX / DJX-II / DJX-IIB: ¿hacer de DJ con un teclado portátil?

El DJing se popularizó durante la era de la música disco, en la década de 1970. Inicialmente, los DJs asumían sobre todo la función de seleccionar y reproducir la música adecuada para animar la pista de baile, un papel de apoyo esencial y ampliamente valorado. Con la aparición de la música techno y house, los DJs fueron ocupando gradualmente un papel central en la creación musical. Ya en los años 2000, la música electrónica de baile alcanzó una proyección global, llevando a muchos DJs al reconocimiento internacional.

Fue en este contexto cuando surgió, en 1998, el DJX PSR-D1: un teclado digital todo en uno, de uso sencillo, que permitía disfrutar de la creación de música de baile y de la experiencia de actuar en un entorno similar al de un club.

Este modelo incluía 100 estilos rítmicos desarrollados específicamente para música de baile, así como 283 efectos sonoros y sonidos esenciales para actuaciones de DJ. Bastaba con seleccionar un ritmo y accionar un botón o interruptor para ajustar el brillo del sonido o reforzar los graves mientras la música seguía sonando.

El DJX PSR-D1 también incorporaba una función de sampling, que permitía crear efectos a partir de sonidos grabados, así como una función de turntable que solo requería un dedo para simular técnicas típicas de DJing, como la variación de la velocidad de reproducción de un disco para modificar la calidad y el tono del sonido. Equipado con potentes altavoces estéreo, capaces de reproducir los graves intensos de la música de baile, una conexión MIDI y otras características esenciales para una experiencia de DJ auténtica, este modelo destacó como un instrumento que permitía incluso a los principiantes sentirse DJs.

En 2000, Yamaha lanzó el DJX-II, un modelo más avanzado, concebido no como un teclado tradicional, sino como un equipo de DJ especializado, con operaciones más intuitivas y funciones prácticas. Ese mismo año también se presentó el DJX-IIB, una unidad con formato de mesa de mezclas, repleta de sonidos y recursos típicos de club, con un funcionamiento sencillo y un carácter lúdico, que permitía a cualquiera disfrutar de la experiencia de ser DJ.

Los manuales de instrucciones se referían al DJX-II y al DJX-IIB como “máquinas digitales de DJ” y destacaban el hecho de que era posible actuar como DJ “sin conocimientos de notas, acordes o teoría musical compleja”, siendo necesario únicamente un “sentido del ritmo”, desarrollado a través de la experiencia con los instrumentos.

La serie DJX presentó una forma completamente nueva de interactuar con la música y se consolidó como la elección ideal para quienes soñaban con crear música envolvente, recrear el ambiente de un club, vivir la experiencia de ser DJ y, eventualmente, convertirse en DJ profesional.

Los teclados portátiles de Yamaha son el resultado de la fusión entre innovación y creatividad. Son más que simples instrumentos: abrieron nuevas posibilidades de expresión musical. Cada modelo refleja el espíritu de su época y transmite una fuerte pasión por la música.

Sin duda, el recorrido de Yamaha, marcado por la innovación y la exploración creativa, seguirá enriqueciendo la forma en que la música se vive y se comparte.

  • PSR-D1 DJX

    PSR-D1 DJX
  • DJX-II

    DJX-II
  • DJXIIB

    DJXIIB
to page top

Select Your Location